| RECONOCE A TU PERFECCIONISTA Mírate al espejo y fíjate en tu parte perfeccionista, hazte estas preguntas: ¿cómo es mi perfeccionista?, ¿por qué actúa así?, ¿de qué tiene miedo?, ¿qué quiere de mí?.
Analiza por un momento cómo actúas en tu vida diaria, ¿eres muy exigente contigo mismo?, ¿en qué momentos no soportas los errores?, ¿cómo te tratas?.
Es importante reconocer esta parte para poder suavizarla, moderar nuestras exigencias y tratarnos con mucho más cariño, apoyo y comprensión.
Si sabemos que no se dan las relaciones perfectas, ni las acciones perfectas, ni las personas perfectas, seremos más felices en nuestras vidas.
Es cierto; ¡la perfección no existe!. Todo el mundo tiene limitaciones. Yo soy imperfecto y mis circunstancias también lo son. Muchas veces tenemos como objetivo buscar la perfección y esto es un gran error. Si mantenemos esta idea, podemos sentirnos frustrados rápidamente.
Aceptar que en el camino podemos tropezar, equivocarnos y rectificar, es la manera más saludable de conseguir lo que nos proponemos.
Háblate con respeto y consideración:
"Tengo derecho a suavizar a mi perfeccionista"
"Valgo la pena aunque no sea perfecto"
"Me relajo y disfruto con las pequeñas imperfecciones de la vida"
Conseguimos una gran libertad cuando dejamos de torturarnos por nuestras imperfecciones. El hecho de no ser perfecto es inherente al ser humano, eso no significa que no nos esforcemos por hacer las cosas lo mejor posible. Comprometámonos a ser tolerantes con nosotros mismos.
Sonríete cálidamente observándote a ti mismo y acepta tus imperfecciones, puedes repetirte: "aunque me equivoco, me gusto y me acepto", "me quiero y me acepto, aunque soy imperfecto, "me acepto incondicionalmente".
|