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EL DOLOR
El dolor es una emoción que surge como reflejo de una gran tristeza. La persona siente que pierde algo o a alguien que ha sido un referente en su vida.
Existen muchas formas de sufrir. El dolor emocional el más intenso porque sumerge a la persona en un estado de profunda tristeza y desolación. Ante la impotencia de la pérdida, algo interno se "rompe".
La salida al dolor
Cuando se produce un acontecimiento doloroso: la muerte de un ser querido, l catástrofes, accidentes, situaciones traumáticas, la noticia de una enfermedad grave o incurable, la infidelidad de tu pareja, la traición de una amistad, los conflictos familiares violentos, la agresividad de un hermano, la marginación y falta de apoyo al hijo, etc... La persona sufre un estado de "shock emocional" al que tiene que dar respuesta dentro de un cúmulo de sensaciones y emociones inesperadas.
Sin embargo, no son necesarias grandes catástrofes para sentir un tremendo dolor emocional. En ocasiones las situaciones cotidianas, mantenidas en el tiempo, resultan igualmente dolorosas y difíciles de soportar: las constantes discusiones familiares, la falta de tiempo con los hijos, el desarraigo o falta de comunicación con un padre o hermanos, etc... Son suficientes para producir un profundo dolor. La persona se siente poco valorada o correspondida en su necesidad más básica: la necesidad de afecto.
Cada persona tiene un umbral; un límite de dolor. Cuando el dolor es prolongado se produce un proceso de "adaptación" a la situación desagradable. Es decir; cuando una persona está expuesta de forma constante a una situación dolorosa, desarrolla mecanismos de "defensa" o adaptación que le ayudan a soportar mejor las circunstancias o a huir de ellas.
Son muchas las "válvulas de escape" que una persona puede elegir para aliviar su dolor y a veces nos sorprende. El abuso de drogas, alcohol, el uso de tranquilizantes, los problemas alimenticios, negar la realidad, ciertas enfermedades, los malos tratos, echar la culpa, la adicción al trabajo, la tristeza, la depresión, el aislamiento, la rabia, la violencia, la ansiedad, etc...
Son muchas de las posibles "escapatorias" que la persona busca para evitar o mitigar su dolor.
El proceso "latente"
El hecho de estar sometido a situaciones tensas de forma continuada, crea la idea a quien la sufre de: "no soy capaz", "no soy lo suficientemente bueno porque mis padres discuten", "no merezco amor porque soy mala persona ", "sé que siempre voy a tener problemas", "las cosas nunca me irán bien" etc.
Estos mensajes se instalan en lo más profundo de nuestra mente causando un gran sufrimiento. La mayoría de las veces no aparecen con estas palabras, no son tan evidentes. Sin embargo, inconscientemente, nos encargamos de castigarnos buscando o atrayendo situaciones complejas que nos confirman realmente lo que pensamos de nosotros mismos: No somos lo suficientemente válidos ¡y la vida nos lo demuestra!.
Ser consciente de este proceso es vital en nuestra evolución. Es el primer paso hacia un cambio necesario e importante para una mayor calidad de vida.
Si sientes que atraes situaciones difíciles y que sólo te ocurren "calamidades": ¡Párate y reflexiona sobre esto!. Si no puedes remediarlo ni controlarlo, acude en busca de la ayuda de un profesional que pueda orientarte y guiar hacia un estilo de vida más constructivo y positivo para tí.
El dolor y la salud
Cada persona puede soportar un grado de dolor emocional, pero si éste se mantiene durante mucho tiempo, puede desembocar en problemas de depresión, ansiedad, u otro tipo de enfermedades.
Existe un "umbral del sufrimiento" y aunque la persona no pueda quitarse la pena, desarrollará mecanismos que alivien ese dolor y le permitan convivir con él.
El dolor y sufrimiento mantenido durante un largo periodo de tiempo hace enfermar a las personas. La ansiedad crónica, los largos periodos de melancolía, pesimismo, tensión excesiva, irritación constante, escepticismo y desconfianza extrema, facilitan contraer enfermedades como: asma, artritis, jaqueca, úlceras, enfermedades cardiacas, etc...
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