NUESTRA RELACIÓN CON LA COMIDA
Ángeles es una mujer obesa de 34 años, se siente fatal con su cuerpo, no se gusta. Utiliza ropa ancha para vestir, su insatisfacción aumenta a medida que ve pasar el tiempo y su cuerpo sigue engordando.
"No lo entiendo, porque la verdad es que como poco y bueno, intento hacer ejercicio pero me aburro, veo que las cosas no cambian y me da una rabia... Suelo comer poco pero, después de comer siempre me apetece algo dulce, no sé por qué pero necesito comer cualquier cosa dulce y entonces siento que he terminado de comer, estoy tranquila".
Ella misma lo dice; se siente tranquila después de comer dulce. Esto es algo muy típico en las personas que tienen cierta ansiedad o nerviosismo. Al consumir azúcar sienten un placer inmediato que reduce su angustia, frustración, pena, dolor, etc.
Realmente Ángeles cuando termina de comer ya no tiene hambre. Parece que le falta algo que cubre con el dulce. En realidad se trata de otro tipo de necesidad más interna y profunda que ella misma tendrá que aprender a identificar, para darle una salida más positiva.
Está demostrado que los dulces, calman la ansiedad. Producen una satisfacción inmediata y especial. Nuestro organismo libera endorfinas, las hormonas de la "felicidad", y nos sentimos rápidamente reconfortados.
¿Quién no ha tomado un dulce o chocolate cuando se sentía triste o falto de energía?. ¡Cuidado!: Hacer de ello un hábito puede llegar a ser peligroso y perjudicial para nuestra salud, e incluso convertirse en una adicción.
Hay personas adictas a: Chocolates, bollos, pistachos, patatas fritas, pan, etc. Llegan a necesitar consumir a diario estos alimentos para sentirse bien. Están "enganchados", ya no se trata de un "capricho" del momento sino de una dependencia, es la adicción a la comida.
Un problema que debe ser tratado desde el aspecto médico y sobre todo psicológico pues refleja desajustes personales y emocionales.
|